El arte de pintar a Emiliano Zapata con coquetos tacones femeninos


Yo no se si Emiliano Zapata fue gay. Tampoco creo que importe nada. Su lucha por regresarle las tierras a los campesinos de Morelos, fue simbólica: lo mataron muy joven y quienes cumplieron la Reforma Agraria en México (para bien y para mal), fueron otros. Zapata quedó como mera referencia histórica, lo cual no le resta ni una pizca a su estatus de héroe nacional.

Si Zapata hubiera defendido hoy a las feministas, o a la comunidad LGTB, eso es hacer historia-ficción. No nos sirve de nada. Aquel Zapata de la novela de Paco Ignacio Taibo II, que galopa en la madrugada sobre el Periférico, luchando contra la corrupción del PRI es una linda imagen, pero es más falsa que una moneda de tres pesos. Zapata murió antes de que se inventara el PRI. Punto.

Con los héroes patrios tu puede hacer lo que se te pegue la gana: levantarles un monumento en el patio de tu casa, escribirles un poema cursi, dibujarlos como miembros de la Liga de los Superamigos, o pintarlos con sombrero charro, trepados en un cuaco, desnudos y luciendo unos coquetos zapatos de cabaretera. Para eso es la libertad.

Si las feministas, la comunidad LGTB, las ONG’s, los veganos o quién defienda una causa se quiere apropiar de la imagen de Zapata o Villa, parodiando el machismo hegemónico que representan esos personajes, están en su derecho. Son símbolos, no personas de carne y hueso. Estas últimas ya se murieron hace muchos años. Los símbolos forman parte de la historia pero también de la cultura popular.

Y la única apropiación que puede hacerse de estos símbolos (no hay de otra) es por medio del arte. Bueno o malo, excelso o mediocre, pero arte al fin. Bellas Artes puede incluir esa obra en una exposición temporal, transitoria No hay delito qué perseguir. Si los descendientes de don Emiliano se escandalizan porque una de tantas derivaciones simbólicas de su antecesor trae tacones altos, están en su pleno derecho. También los nietos del Che Guevara se ofendieron con justa razón cuando un chistoso le cambió la estrella roja a la boina de su abuelo, por una caricatura de Mickey Mouse. Para ellos, tildar a su abuelo de capitalista, era peor que tildarlo de gay.

A lo que no tienen derecho los nietos de Zapata es a agredir muchachos por motivos homofóbicos. Ni a amenazar a un artista por la vía legal o de los golpes porque pintó a un ranchero afeminado con los rasgos de su abuelo. Eso sí es condenable, repugnable, ruin. El lienzo es de quien lo trabaja, no de quien lo censura.

El joven artista de ese cuadro tan debatido (se llama Fabian Cháirez y ahora se cotiza más alto), zanjó la cuestión con una respuesta poco original pero irrebatible: “el personaje que pinté tiene un sombrero como el de Zapata, y unos bigotes como los de Zapata, pero no es Zapata”. Y sáquenlo de ahí.


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