Instrucciones para brincar el Año Nuevo

Entre achaques propios del Guadalupe-Reyes, entre la flojera (hoy conocida por los fifís como procastinación) y entre la manda casi sagrada de echarse en estas vacaciones un tequila blanco antes de proceder al cabal y estricto cumplimiento de no hacer nada, los mexicanos nos proponemos para 2020 seguir vivos a pesar de los políticos (o fauna parecida).


Viviremos en México tenazmente como la mosca, que jode y jode, conscientes de que cada día será tan excelso o chafa como nos pesque el ánimo, el humor o lo ganoso con que nos despertemos cada mañana en casa propia o ajena.


Hoy arrancamos una nueva temporada (así se dice ahora) de nuestra heroica manía de existir, agarrando, porque no nos queda de otra, al toro por los cuernos, al rábano por las hojas, al América por los pénaltis, y cargando cruces ajenas (como si no tuviera uno con la propia), o velando por el prójimo que usualmente tiene cara de esas tías quedadas que no saldrían de vacaciones de no ser porque uno las echa en el asiento de atrás, encima de las maletas, las hieleras, los flotis y la carreola. ¡Y vámonos todos en bola, ánimas que no amanezca!


Viene un año difícil y complicado, pero no hay de otros, al menos desde que nací, y tendremos que soportar personajes faranduleros que no alumbran pero sí se farolean; personajes que nos resultarían simpáticos y buena onda si no fueran tan bandidos y ni tan hijos de su mal dormir.


Pero para todos habrá, porque no es cosa de desearle feliz Año Nuevo a unos sí y a otros no, ni dejar piñata sin darle de palos, ni chamacos sin jalarles las orejas (sobre todo si no son de uno y por eso caen más gordos cuando se chiflan). Así que nada de recogerse temprano. A entrarle a la cheve y a los tamales con enjundia, porque no queremos jetas de perros apaleados ni señoras con cara de burócrata del SAT.


En fin, hoy andamos de manteles largos; inauguramos un añito más y una década extra (la de los veinte) y ya estamos a punto de repartir puros a la parentela porque fue niño y los papás andamos bien contentos por haber parido a una bendi rolliza y sonrosada al que bautizaremos como 2020 y tendremos que darle nuestro apellido y mantenerlo como si fuera de uno.


Bienvenidos al nuevo año todos, gordos y flacos, greñudos y pelones, altos y chaparros, broncos y senatores. Y pásenle a lo barrido, que este mundo fue y será una porquería ya lo sé, pero que con todo es mejor estar arriba que estar abajo. Y no se dejen, síganle vivos lo más que puedan, pújenle aunque batallen y lean harta poesía, de Sabines, o Borges, hasta de Arjona les doy chance, o escríbanla si se atreven y andan de chipilosos o en plan cursi subido. Felicidades, amigas y amigos… de corazón.



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